Wednesday, December 11, 2013

CAPTAIN CALL (discurso del Capitán en la cena de fin de año)


Algunos se incorporan formalmente hoy.
Incorporarse es unirse a un grupo, integrarse, pasar a formar parte de él.

¿Pero, qué significa ser miembro de los Inefables?

Inefables es un equipo de natación. Un equipo que entrena duro para competir.
Participaciones en torneos de clubes, en metropolitanos, nacionales, sudamericanos, panamericanos y mundiales son hitos de nuestra historia.
Por eso, celebramos las incorporaciones, pero ellas quedan condicionadas o se perfeccionan o consuman cuando los incorporados COMPITEN por el equipo por vez primera. Algunos, ya lo hicieron. Otros, estoy seguro, lo harán pronto, en cuanto Diego los habilite.
Pero ser Inefable significa también pertenecer a un grupo de amigos, que tiene su historia y hasta su “mística” propia. Y bueno es disfrutarlo, valorarlo y también demostrarlo.
Un ejemplo: Carlos Morgan y su mujer Inés.
Aún con Carlos lesionado, integraron el equipo este año en los viajes a Rosario y a Chile. Y no principal o solamente porque les guste viajar. Disfrutan siendo parte del grupo que ellos mismos fundaron, y van a acompañar, a alentar, a sacar fotos, a filmar, a compartir con el grupo la emoción de una carrera, de la superación de una marca o de un objetivo, de una comida, de una charla llena de cuentos y anécdotas divertidas.
Y yo creo que, por eso, es que somos un buen grupo.
Me conmueve todavía ver la foto de Carlos Acevedo abrazado a Diego con la Opera de Sidney atrás (¡acá estamos!!).
O la de nuestro primer grupo mundialista en Stanford con Pepe Bosch, Cristián Sicardi, Juan Pi, Amadeo, Diego, Morgan y quien les habla.
O la de Morgan partiendo en un mundial al lado de una leyenda como Jim Montgomery (triple oro olímpico en Montreal ’76)…
O las del pic nic con amigos argentinos en un parque de Gotemburgo.
Conmueve el entusiasmo de Vicente Gallo para superarse (¡y vaya que se supera cada día!); o la alegría que demuestra y la buena onda que irradia Gonzalo Sánchez Sorondo cada vez que se pone la zunga para nadar.
Nos alegramos con los logros individuales que son de todos, con los primeros treinta y pico de segundos de Pablo Padilla en 50 libre por la mañana y con su decisión, ese día, de hacer doble turno.
Eso es ser un Inefable.
Con el esfuerzo de Nico Carlisle por ir más rápido. Nos entusiasmamos con el Tano Santucci que está decidido a bajar el minuto en los 100 y que los bajará pronto. Nos alegra tener no ya a un gran pechista, como Juan Pablo, sino a dos más y también muy buenos: Fran Civit y Miguel Ángel Martínez.
Inefables es una historia que ya lleva casi diez años (los celebramos el año que viene) y que tienen que conocer. Para eso, tienen que mirarse el blog.
Caminando por Stanford decíamos en voz alta con Carlos y Juan Pi cosas como éstas: “Un Inefable nunca se rinde”, “un Inefable nunca dice basta en un entrenamiento”, “un Inefable está siempre dispuesto a ayudar a un miembro del grupo, está interesado porque siempre lo integre”, “… se preocupa si está enfermo y está pendiente de su recuperación”. “Se cae en la pileta en una, pero está listo para la próxima”. También apuesta y respeta las apuestas (yo debo un almuerzo). Se banca las cargadas (las del Flaco Espina suelen ser pesadas). Alienta a sus compañeros en las competencias.
Representa al Club con orgullo y también con pasión. Aunque a veces le toque estar solo, como Rodrigo Alegría que viajó con su mujer hasta Sarasota al Panamericano del 2013 para dejar allí la huella del equipo. O como Bryan Donnelly, que no se pierde nada y marchó, solo también, a San Luis a competir; o como Mike O’Farrell también en algún encuentro de aguas abiertas.
Un Inefable valora a su entrenador, aquel que “saca agua de las piedras”, como decíamos con Juan Pi cuando no podíamos creer estar compitiendo ¡en un Mundial! y haciendo, cómodamente, los tiempos mínimos exigidos del Mundial.
A un Inefable le gusta viajar, las giras generan una unión todavía mejor, más profunda. Las mujeres tienen mucho que ver en ello. Se han hecho amigas, nos alientan y tienen también sus anécdotas e historias compartidas.
Ser un Inefable demanda actitudes de caballeros (porque representamos a un Club de Caballeros), y socializar también con otros equipos o con otros nadadores, de los cuales nos hemos hecho amigos y con los que compartimos esta pasión.
Recuerden que nunca se deja de ser Inefable. Matías de Cristóbal, en Chile, Billy Frenkel en París, Javier Maldonado en Barcelona, Cristóbal de Aldecoa en New York y próximamente en Vevey; Willy Plate en unas Islas del Caribe. Y ahora se nos fue Juani Van Peborgh a Río. Ninguno abandonó el grupo y el grupo no los abandona, están siempre presentes en intercambios de mails o en Facebook, nos reciben generosamente cuando estamos cerca, siguen nadando en la medida de lo posible y todos esperamos sus visitas o, mejor, su retorno definitivo.
Nuestro entrenador sintetizó una vez en Revista del Club aquello que moviliza a este grupo “estar más saludables para mejorar nuestra calidad de vida. Socializarnos en forma positiva y cooperativa, ya que el grupo mismo nos ayuda a entrenar y nos arengamos para seguir con fuerza cada día”.
Pregunté a Carlitos Morgan, qué es ser un Inefable. Destacó estas mismas cosas, y enfatizó la camaradería y la mejora en la calidad de vida que supone ser un Inefable: “a veces, en el medio del trajín. me río solo con las boludeces que dicen o con el blooper del día”. Pero a mí lo que me moviliza es saber que todos los días que quiera tengo un rato para dedicar al placer de nadar con mis amigos ¡y a esos 3 minutos en 200 medley que quiero bajar y que voy a bajar!
Porque ser Inefable es también ser un tozudo.
Por todo eso, Inefables, ¡A VENCER!
Cap. Freeland.

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